Franz Kafka
Franz Kafka abandonó de manera definitiva atrás el realismo decimonónico al transformar sus narraciones en parábolas de turbadora e inagotable riqueza simbólica: protagonizadas por antihéroes extraviados en un mundo incomprensible, sus novelas reflejan una realidad en aspecto reconocible y diaria, empero sometida a inquietantes mutaciones que sumergen al lector en una opresiva y asfixiante pesadilla, plasmación de las angustias e incertidumbres que embargan al hombre contemporáneo.
El diagnóstico tomó la decisión de a Kafka a romper de manera definitiva su compromiso matrimonial con Felice Bauer, a la que había conocido en 1912 por medio de Max Brod. A lo largo de los 5 años que duró, la interacción con Felice fue repetidamente abandonada y retomada gracias a las interminables vacilaciones de Kafka.
La patología obligó a Kafka a pasar largas temporadas en varios sanatorios, primero en los Alpes italianos y al final en Kierling, alrededor de Viena. En uno de ellos se enamoró de la adolescente checa Julie Wohryzek, empero la extremista contraposición del papá de Kafka imposibilitó el matrimonio. Este episodio desarrolló el más revelador archivo de aquella conflictiva interacción paternofilial: la famosa Carta al papá que Kafka redactó en 1919.
En 1920, el encuentro con la traductora y periodista checa Milena Jesenská se transformó en una interacción intensa, testimoniada en las Cartas a Milena, que verían la luz en 1952. Empero ni Kafka ni nuestra Milena, casada con otro hombre, han tenido el aliento primordial para romper el matrimonio, y desde 1921 iniciaron a distanciarse.

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